El neumático, otras vidas y usos

La fabricación de neumáticos se ha convertido en una industria de grandes proporciones responsable de uno de los materiales más usados en todo el mundo y que presenta más dificultades a la hora de deshacerse de ellos.

¿Cómo se destruye un neumático?

No sólo su eliminación, sino también los recursos que precisa la fabricación de neumáticos generan desde hace tiempo preocupación por cuestiones medioambientales. Por poner un ejemplo, España genera cada año 250.000 toneladas de neumáticos usados, y aunque la eliminación de un 60% de esta cantidad está controlada, el 40% de residuos restantes se elimina por otros métodos. Así, dentro de la propia industria de fabricación de neumáticos se alienta el reciclaje de un material difícil de eliminar y cuya destrucción incontrolada puede generar graves problemas medioambientales debido a la emisión de gases contaminantes procedentes de la quema o a la degradación del entorno que se produce en lugares donde se almacenan estos residuos. Por este motivo, proliferan los sistemas de reciclaje de neumáticos y las alternativas para encontrar nuevos usos. La termólisis es un proceso de reciclaje que calienta el material en cápsulas sin oxígeno, destruyendo los enlaces químicos. De esta manera se pueden recuperar totalmente los componentes, que pueden volver a la fabricación de neumáticos o industrial. La pirolisis es otro proceso de eliminación de este material que permite obtener gases similares al propano, aceite susceptible de refinarse en Diesel, o acero. La incineración controlada permite deshacerse del neumático en hornos equipados con material refractario. El calor generado se puede transformar en energía.

Otros usos

La trituración, mecánica o criogénica, es otra opción que permite la eliminación de estos residuos de manera controlada, aunque la desaparición total no tiene por qué ser el fin prioritario de estos procesos. Después de someterse a sistemas de reciclado, los materiales que conforman el neumático se pueden sintetizar y aplicar para otros usos como el asfaltado de las carreteras, aunque sus aplicaciones son mucho más variadas. Desde alfombras hasta aislantes, pasando por tejados o masillas. Su uso en superficies, especialmente deportivas, también está bastante extendido, y su expansión sigue creciendo con proyectos de investigación para su utilización como aislantes acústicos, además de seguir consolidándose en mecánica, con los cables de freno, por ejemplo, o como suelas de zapato utilizadas en la industria textil.

Imagen de Marianne Mayer – Fotolia

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