La reducción del poder adquisitivo de los compradores y las buenas condiciones de venta han hecho aflorar de nuevo una opción de compra que permite disfrutar de las ventajas de un coche en perfectas condiciones a un precio mucho menor del que nos ofrece el concesionario.
Factores a tener en cuenta
Comprar un coche de segunda mano no tiene por qué ser una operación de riesgo si tenemos en cuenta algunos consejos a la hora de decidirnos por un vehículo y si somos conscientes de las herramientas legales que tenemos de nuestra parte. En primer lugar, conviene diferenciar si vamos a comprar el coche a un particular o a un profesional. En el primer caso nos podemos ahorrar las comisiones en el precio y tenemos un mayor margen de negociación, pero no tendremos garantía de compra y será más difícil que encontremos un precio adecuado ya que no disponemos de toda la información relativa al vehículo. Si se trata de un profesional, la operación está cubierta por la garantía de compra, pero también debemos contar con un sobrecoste que corresponde a la comisión del vendedor. Por eso es conveniente poder interpretar la ficha técnica del vehículo y recordar los trámites que debemos realizar a la hora de comprar un coche de segunda mano, trámites que el vendedor puede ignorar u olvidar recordarnos.
Papeles en regla
Es fundamental cambiar la titularidad del vehículo en la Jefatura Provincial de Tráfico, para lo cual necesitaremos el permiso de circulación firmado en el anverso y una ficha técnica. Se deben presentar también los recibos de pago del Impuesto de Vehículos de Tracción Mecánica y el certificado de superación de la ITV si el coche tiene más de cuatro años. Además, hay que el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales, que se deberá pagar en la oficina de Hacienda de la comunidad autónoma del comprador. La tasa ronda el 4% y deberá sumarse a las que debemos pagar a Tráfico. Por último, y como garantía para el comprador, hay que tener presente que el vendedor debe responder de los desperfectos no apreciables a simple vista. Si el vendedor es particular, el comprador puede renunciar a esta garantía. Los concesionarios, en cambio, están obligados a ofrecerla.
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